martes, 23 de febrero de 2010

El efecto llamada

En un grupo de debate al que acudí hace poco surgió la discusión sobre el denominado "efecto llamada". Hablábamos, lógicamente, de inmigración y, en concreto, del efecto de atracción que puede tener el modelo vasco de cobertura social. Aunque la polémica surgió en torno a los/as menores no acompañados/as (por cierto, mientras escribo esto tengo sentado a mi lado en el autobús a uno de ellos), quisiera primero hablar algo al respecto de los adultos.

Frente a quienes creen que las personas inmigrantes vienen a Euskadi a aprovecharse de nuestro sistema de cobertura social y que, por tanto, lo que pretenden es vivir del cuento y de las ayudas del Gobierno Vasco, soy de los que piensa que lo último que quieren esas personas es precisamente tener que recurrir a las ayudas sociales. Porque no puedo creer que alguien que ha tenido el valor de abandonar su tierra, en ocasiones jugándose la vida, dejando atrás un modelo inamovible durante años, esa persona dinámica, aventurera, se convierta en un parásito al bajar del avión o de la patera. Habrá excepciones, como las hay entre nuestros/as convecinos/as autóctonos/as, pero no es la regla general. Y se demuestra en las estadísticas, según las cuales la mayor parte de las personas han ocupado con normalidad puestos de trabajo en los pasados años.

Pero es que, además, según los datos del INE, Euskadi es una de las comunidades autónomas con menos personas extranjeras procedentes de países pobres (incluyo aquí a países del Este), es decir, inmigrantes forzosos. Mientras ese porcentaje es para Euskadi del 5,4% del total de la población, la media española asciende al 10,2% y en comunidades como Madrid, Cataluña y Baleares alcanzan valores en el entorno del 15%. Y si nos fijamos en los/as menores de 16 años (es la referencia estadística que existe en el INE) nos encontramos con que en Euskadi el porcentaje de los procedentes de países pobres sobre la población total de esa edad alcanza el 5,5% mientras que en las comunidades citadas supera el 10%. Es cierto que no es lo mismo hablar de menores en general que de menores no acompañados/as, y ahora vuelvo al debate al que me refería al principio, pero tan cierto como eso es que tener que atender en las necesidades sanitarias, escolarizar, etc., a una población extranjera, infantil o juvenil, tan amplia como la de esas comunidades autónomas que citaba también debe ser complicado. Pongamos por caso la integración lingüística en los centros educativos.

Viene todo esto a cuento de las protestas de las instituciones vascas, incluido el Ararteko-Defensor del Pueblo (organismo cuyas opiniones no siempre comparto ya que su aparente carácter de imparcialidad no aplica en todos los casos), acompañadas por parte de la ciudadanía, por la falta de solidaridad de otras comunidades autónomas a la hora de acoger a estos/as menores. Y tienen razón las instituciones vascas al pedir la aplicación de los mismos criterios de acogida en todo el Estado o al descalificar actuaciones de gobiernos como el de La Rioja que rechazan a estos/as chavales/as renunciando incluso a las aportaciones del Estado para atenderles, pero algo habrá que matizar si miramos al conjunto de la población extranjera en esas comunidades autónomas que, como La Rioja, duplica la de Euskadi, ya lo leamos en términos de población total o en términos de población menor de 16 años. Dicho de otro modo, parece que poco deberíamos quejarnos en Euskadi, una de las comunidades más ricas del Estado y con menor población extranjera, por tener que atender y acoger a unos cientos de menores no acompañados/as.

(foto tomada de la asociación ACA)

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