sábado, 22 de noviembre de 2014

¿Son las acciones filantrópicas de los bancos tradicionales más efectivas que el trabajo de los bancos éticos?

El otro día me preguntaron si las acciones filantrópicas que realizan las fundaciones de los bancos tradicionales no son más efectivas que el trabajo de las entidades éticas. Mi respuesta fue en una triple dirección.

En primer lugar, expresé mi duda de que dichas acciones sean realmente filantrópicas. Y es que dice la RAE que filántropo/a es quien "se distingue por el amor a sus semejantes" y, la verdad, no veo yo amor en esas actuaciones, sino más bien interés y propaganda.

En segundo lugar, negué la mayor: la oportunidad de que los bancos, y el resto de empresas, mantengan fundaciones benéficas o culturales. Si los propietarios de un banco quieren servir a la sociedad, a lo que tienen que dedicarse es a captar ahorro y realizar préstamos. Y a hacerlo con justicia y sin abusos. ¿Qué sentido tiene que un banco desahucie a miles de familias sin el menor reparo para después crear un programa de apoyo a dichas familias a través de una fundación que, por cierto, recibirá subvenciones públicas para hacer ese trabajo?

Y en tercer lugar, relacioné las acciones que, a mi modo de ver, permiten a una entidad decir que sirve a la sociedad. Y son las siguientes:

  • Remunerar los depósitos con un interés razonable, no especulativo, explicando claramente las características de los productos que se venden y no engañando a personas sin conocimientos financieros como se hizo con las acciones preferentes.
  • Tratar a los prestatarios con justicia y considerando sus condiciones personales, evitando conceder préstamos a quienes puedan tener dificultades para devolverlos o aceptando el principio de la dación en pago de la vivienda.
  • Invertir solo en actividades en las que se respeten los derechos humanos en toda su extensión y en las que se sigan la reglas que estoy relacionando.
  • Actuar con transparencia en todas las actividades de la entidad, bien sea en la captación de ahorro o en la inversión. Por ejemplo, publicando los destinatarios de los préstamos.
  • Remunerar a los accionistas prudentemente, de modo que los dividendos no constituyan un agravio en épocas de escasez para quienes se encuentran en situación de necesidad y evitando que esa distribución de beneficios dilapide la sostenibilidad del banco a futuro y obligue a las instituciones públicas a cuantiosos rescates.
  • Implicar a los accionistas en la marcha del banco y lograr una buena entente entre accionistas y trabajadores. Estoy harto de oír eso de que una empresa, o sea, los trabajadores, tienen que crear valor para el accionista. ¡Menuda gilipollez! ¿Acaso los accionistas crean valor para la empresa? ¿Estar esperando a fin de año para llevarse la máxima cantidad de dinero posible al bolsillo es crear valor?  ¿No va siendo hora de que cambiemos el modelo de empresa y, como propugnan los de NER, busquemos una implicación real de capital y trabajo en el futuro de las empresas?
  • Remunerar con justicia a los trabajadores, reconociendo su aportación y haciendo que la distancia entre los que más ganan y los que menos ganan sea razonable. 
  • Evitar influencias fraudulentas sobre los gobernantes, como la cancelación de préstamos a los partidos, la incorporación de ex-políticos en los consejos o la presencia de banqueros en los ministerios.
  • Y, sobre todo, contribuir lealmente al fisco, evitando triquiñuelas y combatiendo el uso de paraísos fiscales. Porque si contribuyen lealmente, el estado dispondrá de los fondos suficientes para cubrir tanto los derechos básicos de las personas, evitando injustos recortes como los que estamos sufriendo en los últimos años, como otras necesidades que la ciudadanía, y no cuatro dirigentes de un banco, establezca como prioritarias.
En conclusión, en lo que tienen que convertirse los bancos tradicionales si de verdad quieren prestar un servicio a la sociedad es en bancos éticos, como por ejemplo Fiare. Y dejarse de sucedáneos.