martes, 20 de mayo de 2014

¿A qué partido voto?

No he leído los programas completos de los diferentes partidos pero me voy a atrever a valorar sus respectivas posiciones, para concluir con la opción que he elegido para votar el día 25 en las elecciones europeas.

Quienes me conocéis ya sabéis que no votaré ni al PP, ni al PNV, ni al PSOE. Por si hay algún/a despistado/a también diré que tampoco votaré a UPyD pero esto merece un primer comentario. UPyD me parece más peligroso que el PP: porque es tan de derechas o más que el PP y así lo viene demostrando en multitud de votaciones, porque es más personalista que el PP y por lo tanto menos democrático y porque al ser más populista que el PP fomenta las más bajas pasiones entre la ciudadanía pero sin plantear alternativas de progreso.

Sigamos. Bildu (que va en coalición con el BNG) es una opción interesante en Euskadi y en estos momentos no me produce el rechazo que me generaba Batasuna cuando la izquierda abertzale apoyaba la violencia de ETA. Pero sigo pensando que en Bildu pesa más la cuestión nacional que la social. Ya sé que ellos dicen que las dos cuestiones son compatibles pero he tenido demasiadas pruebas en el pasado de que eso no es así en la práctica, así que tampoco les votaré.

Y me quedan IU, EQUO, Podemos y el Partido X. En cada uno de estos partidos encuentro motivos para orientar mi voto. 

IU ha sido durante años un referente importante en mi actividad política y comparto ideológicamente muchas de sus posiciones. Además, en los últimos años han recuperado parte del espíritu fundacional de la coalición y se han abierto a colaborar con ICV (Cataluña), Batzarre (Navarra), Anova (Galicia) y otros. No obstante, hay al menos tres elementos que me retraen de votarles en esta ocasión: el que siguen siendo un partido al estilo tradicional, que el PCE sigue teniendo un papel determinante (encuentro cosas muy positivas en una organización disciplinada y empeñada en mantener el núcleo ideológico pero son muy lentos para adentrarse en el futuro), y que han vuelto a poner de cabeza de lista a Willy Meyer, que lleva toda la vida viviendo de la política. 

EQUO, que se presenta con Compromis y la Chunta Aragonesista en la candidatura Primavera Europea, es un partido que cada vez me gusta más. Porque cada vez soy más sensible a las cuestiones ecológicas (nos estamos jugando el planeta para las próximas generaciones y una sintonía con la Madre Tierra creo que nos vuelve más humanos) y porque creo que son ejemplo de cómo deben construirse los partidos en la futura democracia a la que aspiro. Por otro lado, EQUO ha recibido poso de izquierda a través de personas de IU que se han incorporado en esa formación en los últimos años y eso también me gusta. Pero pienso que sigue siendo un partido no suficientemente implantado en la sociedad, no suficientemente abierto a grandes sectores de trabajadores/as que aún no conectan con la cuestión ecológica y eso es una limitación importante.

El Partido X es un caso muy curioso. Apoyé su puesta en marcha (con una pequeña aportación económica) y he participado puntualmente realizando sugerencias de mejora a su programa. Me encanta la radicalidad democrática de sus propuestas y lo innovador de las mismas. Además, algunos asuntos se los han currado de verdad. Por otro lado, la idea de un partido que realice en pequeño lo que queremos que sea nuestra democracia en el futuro también me seduce. Y también la importancia que otorgan a la iniciativa individual junto con la actuación del Estado para garantizar los derechos básicos. No les voto por la excesiva importancia que, a mi modo de ver, han otorgado a "expertos" en la elaboración de su programa y en su concepción de partido. Poco menos que asumen que dichos expertos no tienen ideología, y eso me parece un error. A pesar de que disponen de un buen despliegue en las redes sociales, su grado de implantación territorial es limitado y las encuestas no les dan representación en el parlamento europeo.

Llegados a este punto me parece que ya sabéis a qué partido votaré. Efectivamente: Podemos. Es una organización de izquierdas (Pablo Iglesias ha dicho que votará a Alexis Tsipras) que ha logrado en poco tiempo captar la atención de un espectro de población bastante amplio, que utiliza formas democráticas nuevas y abiertas a la participación de toda la ciudadanía, que tiene un programa que recoge diversas sensibilidades y que está geográficamente bien implantada en todo el Estado, incluido Euskadi donde han adoptado el nombre "Ahal Dugu" y donde tienen varios círculos. Mis cautelas: el excesivo protagonismo de Pablo Iglesias que, incluso sin haber concluido este proceso electoral para Europa, ya se está postulando para las generales. Entiendo que en un primer momento hayan utilizado su imagen mediática para darse a conocer (aunque también han utilizado imágenes más amplias frente al personalismo de otros partidos), pero eso debe tener un límite. 

Dicho lo cual, dos conclusiones más. Pienso que sería un gran error por parte de las organizaciones más cercanas a los postulados del 15M posicionarse exclusivamente en la política. Hace unas semanas pensaba incluso que era un error dedicar tanto esfuerzo a preparar a la carrera unas elecciones europeas en lugar de consolidar sus bases, pero a la vista del resultado (ampliación de las bases, amplio posicionamiento público y posible representación en Europa) quizás haya sido una apuesta adecuada. Pero esas organizaciones deberían continuar su trabajo de construcción de nueva sociedad, de nueva economía, de nueva vida ciudadana, en nuestros pueblos y barrios. Solo así, difundiendo los ideales que defienden y procurando que se arraiguen en la sociedad, conseguirán evitar que su apuesta política fracase por distanciamiento de la ciudadanía. Y la otra cuestión importante es que estos partidos, que no han tenido casi tiempo ni de celebrar asambleas de sus miembros, tienen que asegurar un funcionamiento interno totalmente democrático y abierto para evitar convertirse en partidos realmente válidos para la democracia del futuro. En estos momentos, es más importante garantizar un funcionamiento interno adecuado, y eso vale para partidos, asociaciones de barrio, mareas, nuevas empresas, que diseñar muy bonitos programas.

Por fin, un deseo obvio. A ver si para las próximas elecciones, estos partidos hablan entre sí, alcanzan unos mínimos comunes y plantean una apuesta conjunta. En este momento es más importante desalojar del poder al mayor número de políticos de la vieja escuela que defender posicionamientos particulares y diferencias no relevantes.

domingo, 18 de mayo de 2014

¿Quién parará a los humillados?

Me apetece escribir un poco sobre lo que ha sucedido tras el asesinato de Isabel Carrasco. Y en primer lugar me gustaría decir que, después de años de oponerme principalmente a la violencia de ETA y también a la violencia de estado en el conflicto vasco, no voy a cambiar ahora de forma de pensar porque hayan matado a quien parece era una cacique del PP.  Y, por lo tanto, rechazo totalmente el asesinato de Isabel Carrasco, sin matices. Y lo hago por una concepción radical del derecho a la vida que me lleva a no aceptar ningún atentado contra la misma. 

Además, quiero llamar la atención sobre un hecho que, desgraciadamente, suele pasar desapercibido en estos casos. Cuando alguien manifiesta su alegría por un asesinato como éste suele olvidar que detrás de la víctima fallecida hay otras víctimas cercanas: sus familiares y amistades. Suele olvidar que el insulto no llega a la persona fallecida, que no puede escucharlo, pero sí duele, en un momento especialmente triste, a quienes la querían. Por eso, el desprecio hacia la difunta solo servirá para alimentar deseos de venganza en sus allegados; venganza contra quienes la asesinaron y venganza contra quienes aplauden su muerte.

Entrando ya en consideraciones políticas, lo primero que me gustaría decir es que me parecería aún más lamentable si cabe que quien ahora da palmas no hubiera hecho antes lo suficiente para sacar a Isabel Carrasco de los puestos de responsabilidad que ocupaba. 

Dicho lo cual, me parece una indignidad mayor que la alegría por la muerte de Isabel Carrasco la utilización de la misma para denigrar a movimientos sociales pacíficos o a redes sociales enteras.  Y todavía me parece peor utilizar este pretexto para dar una vuelta de tuerca en el camino por alcanzar el estado totalitario al que parecen aspirar los dirigentes del PP.  Como bien ha dicho Alberto Garzón, diputado de IU, existen en la legislación española suficientes recursos para perseguir los delitos, también los delitos en internet, y cualquier ciudadano puede utilizarlos tal como hizo él cuando recibió amenazas de muerte en la red de grupos de ultraderecha. 

Otra perspectiva de este asunto es el hecho de que la casta política entera se ha visto tocada por este asesinato y ha reaccionado levantando aún más alto el muro que la separa de la sociedad. En lugar de asumir que prácticamente nadie ha llorado la muerte de Isabel Carrasco y que eso algo debe significar, se han puesto a echar la culpa a toda la sociedad de algo que tufa a pelea de familias en el PP leonés. No son conscientes de que son ellos los que se han quedado fuera del juego, fuera de la democracia, y que la reacción de la sociedad en la calle y en la red no son sino síntomas de que la gente está viva y la mejor garantía de que aún tenemos futuro democrático. 

Pero que se anden con cuidado. Son demasiadas familias con todos sus miembros en paro, demasiados desahucios, demasiadas personas abandonadas a su suerte. Las condiciones para un rebrote de la violencia, verbal o física, están ahí. Por el momento, los movimientos sociales y los nuevos proyectos políticos están consiguiendo canalizar las humillaciones que sufren tantas personas mediante acciones pacíficas y propuestas de cambio, pero no sé por cuánto tiempo serán capaces de aguantar el empuje de la desdicha.