miércoles, 17 de marzo de 2010

Caritas in veritate

Hace ya algún tiempo os dije que me iba a leer la carta-encíclica del Papa "Caritas in veritate". La leí pero entre una cosa y otra no os he contado mi impresión. Pues bien. Creo que es un documento que merece la pena estudiar y que aconsejo a cualquier persona que quiera incorporar nuevas perspectivas en el análisis de la crisis que estamos viviendo y, sobre todo, en la integración de la ética en el funcionamiento de la economía y de los agentes económicos. Este documento tuvo una cierta repercusión en su publicación pero cayó rápidamente en el olvido. Sólo unas declaraciones de algunos obispos, preocupadísimos porque se pudiera interpretar que el Papa iba contra la economía de mercado (que fue lo que me animó a leerla) mantuvieron algún día más el interés. Sin embargo, yo creo que es un documento de gran alcance que pone las bases de una visión humanizante de la economía.

Ciertamente, la encíclica no se manifiesta de modo contrario a la economía de mercado pero introduce tantos matices y condiciones para considerar una economía como plenamente humana que bien se puede considerar revolucionario en los tiempos que corren. Expresiones como las siguientes dan idea del espíritu que subyace al texto:

El desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad.

…es necesario que en el mercado se dé cabida a actividades económicas de sujetos que optan libremente por ejercer su gestión movidos por principios distintos al del mero beneficio

La carta habla de la economía en general, de la gestión empresarial, de la responsabilidad social de las empresas (RSC), del papel del Estado, de la cooperación al desarrollo (es un buen manual de principios para esta actividad), del papel de los sindicatos o de los consumidores, de la protección del medio ambiente, etc.

Una de las ideas que más me ha calado es la necesidad de generar un entramado económico alternativo. Tengo poca o nula confianza en que las empresas capitalistas consoliden un modelo realmente ético. Por mucha RSC, códigos éticos e instrumentos de control que se apliquen, el objetivo del máximo beneficio lo corrompe todo. No hay más que ver las noticias del mantenimiento e incluso incremento de los bonus a algunos altos directivos de empresas en plena crisis. No. Es indispensable generar un nuevo entramado empresarial basado en unidades que, como sugiere Benedicto XVI, no otorguen la prioridad absoluta al beneficio. Unidades empresariales con alta participación de los/as trabajadores/as en la gestión (el modelo cooperativo me sigue gustando), con capacidad para innovar de forma permanente y con fuerza para competir en el mercado. Esto complementado con un reforzamiento del Estado que, además de legislar con dureza para evitar abusos del sector privado, incorpore también unidades empresariales públicas que le permitan liderar o reorientar sectores económicos de futuro y garantizar que los servicios básicos son prestados en condiciones adecuadas de acceso a toda la ciudadanía.

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