Ya el primer año de nuestra aventura gubernamental decidimos distribuir los regalos entre el personal del departamento mediante un proceso de sorteo para el que utilizábamos la aplicación informática de adjudicar VPOs. Lo más llamativo de lo recibido eran un par de jamones con muy buen aspecto. Al principio los llevábamos a deshuesar y a empaquetar en sobres al vacío y se utilizaban en pequeñas celebraciones del departamento. Más adelante, los apetitosos perniles se llevaban directamente al Centro de Alimentos, entidad que distribuye distintos productos entre familias con necesidad.
Como los regalos solían almacenarse en mi despacho, que era el espacio más amplio del departamento, uno de aquellos años se quedó allí el cuchillo jamonero que acompañaba a uno de las piernas de cerdo y al cabo de un tiempo decidí llevármelo a casa. No os podéis imaginar los comentarios que tuve que aguantar: que mira lo que trae, que preferimos el jamón, que tanto curro y no traes nada, ... Total, que finalmente me vi obligado a compensar a mi familia por la falta de atención a la que me llevaba el estrés gubernamental y comencé a comprar un jamón todos los años en los días previos a Navidad. Y el de la foto es el que hemos empezado a degustar este año. Está buenísimo.
Por cierto, hablando de regalos, algunos/as compañeros/as y yo llegamos a devolver algún obsequio, como entradas para la ópera y cosas similares, con la consiguiente sorpresa de las "generosas" empresas que nos las habían hecho llegar. Los rojos somos así.





